Mil doscientos millones de kilómetros

Aprovechó la despejada noche con la que terminaba el día de San Patricio para subir a la terraza con su telescopio B&Crown. El objetivo: divisar Saturno. El gigante gaseoso gozaba de una posición privilegiada en el firmamento en esa noche, que ya se sentía primaveral, si bien el equinoccio no tendría lugar hasta tres días más tarde. Además, era el momento idóneo puesto que la borrasca que a esas horas ya entraba en la península por el sur de Portugal dejaría para la siguiente noche un cielo cubierto de nubes anaranjadas. Nubes contaminadas que ocultarían la belleza del Cosmos durante varios días.

Después de poner a punto su equipo astronómico y probarlo apuntándolo hacia el cráter Copérnico de la Luna, avistó a simple vista el que por referencias visuales tenía que ser Saturno. Cambió el ocular de su B&Crown y lo orientó a la zona del cielo en la que se hallaba el planeta. Comenzó el minucioso proceso de ajustar las coordenadas celestes, ascensión recta y declinación, moviendo sutilmente los tornillos del trípode, encorvado ante su artilugio para mirar cuidadosamente por el ocular. Una estrella apareció en su campo de visión. Por un momento creyó haber encontrado a Saturno, pero falsa alarma. Era uno de los miles de objetos de cielo profundo. Los llamados NGC, por pertenecer al Nuevo Catálogo General elaborado gracias a William Herschel. NGC 3982, NGC 1199, NGC 2096… A simple vista diminutos puntos de luz, a menudo discretos e invisibles. En realidad fabulosas nubes de gas como sacadas de la imaginación del mismísimo Dios que mostraban todo tipo de formas, colores y tonalidades. Pero había que saber cómo mirar. Continuó su proceso de búsqueda, perdido inconscientemente en sus pensamientos sin dejar de ajustar el instrumento con la misma paciencia.

De repente una borrosa mancha amarillenta cruzó a toda velocidad el círculo de su campo visual. Se detuvo inmediatamente y deshizo con cautela los últimos ajustes que había realizado en las tuercas del trípode para tratar de volver al punto en el que se había cruzado con el objeto. Y tras unos segundos de intriga… ¡Míralo, míralo! ¡Ahí está! Un tembloroso Saturno apareció tímidamente por el borde curvado de su campo de visión. Con tantos aumentos, cualquier movimiento en la estructura del telescopio, aunque sólo fuera el producido al girar muy despacito algún tornillo, se traducía en una intensa vibración que afectaba a Saturno durante varios segundos. Pero por fin consiguió enfocarlo y estabilizarlo y la imagen del lejano planeta se mantuvo en el ocular. Ahí estaba. Una bola amarillenta encajada dentro de un anillo que la rodeaba. Una estructura simple, y sin embargo lo que estaba viendo no se podía comparar con nada de lo visto anteriormente. Era verdaderamente un momento único. La imagen de ese planeta flotando en el fondo negro inspiraba paz. De alguna manera una imagen como aquella lograba transmitir el silencio absoluto, el vacío y la impasibilidad del espacio exterior. Realmente era increíble poder estar viendo Saturno. Parecía cerca, a pesar de los mil doscientos millones de kilómetros que los separaban. Parecía pequeño, a pesar de ser setecientas cuarenta veces más grande que la Tierra. Ésta se movía a unos veinte kilómetros por segundo con respecto a Saturno pero el Universo parecía haberle concedido un favor para que un rayo de luz pudiera salir del Sol, rebotar en el planeta y dos horas y media más tarde introducirse por su telescopio.

Continuó disfrutando del espectáculo hasta que la imagen del planeta comenzó a verse cortada por una línea recta. Levantó la vista. Desde su perspectiva Saturno se ocultaba tras la casa que egoístamente se hallaba en frente de la suya impidiéndole seguir con la observación. Se estiró para desentumecer el cuerpo de la incómoda postura que había estado manteniendo. Miró al cielo, y a sus estrellas convertidas de nuevo en pequeños puntos blancos o azulados. Luego se apoyó en la barandilla de la terraza. De fondo se escuchaba una canción en la que al instante reconoció la voz de Loquillo entonando ‘Rock’n Roll star’. Miró su reloj. Las 23:58, logró leer desde cierto ángulo a pesar de la oscuridad. De nuevo sin darse cuenta había pasado casi una hora sumido en sus observaciones astronómicas. En ellas parecía desconectar por completo del resto del mundo. Verdaderamente creía haber estado muy lejos de esa terraza. A mil doscientos millones de kilómetros, junto a Saturno. O incluso más, con algún NGC. Pero Saturno ya no estaba, y los NGC eran invisibles, y él volvía a estar de vuelta en la Tierra, en el mundo real. El sonido de un vaso rompiéndose en la calle le hizo asomarse desde su observatorio privado. Los escurridizos acordes de la guitarra de Loquillo sonaron con más intensidad. “…así nena tendré suerte de llegarte a conocer…”. En medio del jolgorio montado allí abajo con motivo de la celebración de San Patricio vio a una de las putas que frecuentaban la zona a esas horas seducir a dos borrachos que la miraban de una forma repugnante. Bip-Bip, sonó su reloj. Las 00:00. Cambio de día. La fiesta continuaría en su barrio a pesar de que técnicamente ya no era el día de San Patricio. Ahora sólo era 18 de marzo. Se dio media vuelta para bajar a su dormitorio a leer hasta que le entrase el sueño. No sin antes echar un último vistazo al cielo. Los coros de ‘Rock’n Roll Star’ se hacían ya casi inaudibles. “…Uh-uhh, neeena…”. A lo lejos, en el horizonte, asomaban ya las primeras nubes de la borrasca.

Autor: SKCiencia

Semana de la ciencia 2015

Buenos días, desde el círculo queremos celebrar esta semana, desde el 9  al 15 de noviembre, dedicada a la ciencia con diferentes actividades. Para hacer que la ciencia una más a las personas queremos que compartáis vuestra creatividad y que mostréis que la literatura y la ciencia no están reñidas.

Por eso os proponemos las siguientes actividades:

  1. Escribe tu relato y envíanoslo a nuestro correo podemosciencia@gmail.com indicándonos tu nombre y un nick en el mismo correo. El relato debe tener como protagonista algún tema científico y en cuanto al género elige el que más te apetezca, ciencia ficción, fantasía, poesía, histórico…¡¡¡Sorprendenos!!!
    Si trabajas en el mundo de la ciencia tu relato podría contar a que te dedicas y qué haces, explícalo para todo el mundo con un lenguaje llano. Todo lo que enviéis lo iremos publicando en este mismo blog en la categoría de relatos-semana de la ciencia 2015. Podéis enviar el relato en cualquier idioma.
  2. Otra forma de participar son los microrrelatos. Usando Twitter o Facebook escribe un relato muy, muy breve que tenga que ver con la ciencia. Y añade el hashtag #narraciencia
    Comparte tu creatividad e interés por la ciencia con todas las personas.

Participa, te esperamos ^_^